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jueves, 12 de junio de 2008

MACHU PICCHU Tierra un Viaje de ensueño

MACHU PICCHU, desde que fuera descubierta el 24 de julio de 1911 por el norteamericano Hiram Bingham, ha sido considerada, por su asombrosa magnificencia y armoniosa construcción, como uno de los monumentos arquitectónicos y arqueológicos más importantes del planeta.
Localizada a 2,400 m.s.n.m., en la provincia de Urubamba,
departamento del Cusco, Machu Picchu (Cumbre Mayor, en castellano) sorprende por la forma en que las construcciones de piedra se despliegan sobre una loma estrecha y desnivelada, cuyos bordes un farallón de 400 metros de profundidad- forman el cañón por el que se llega al río Urubamba.
Machu Picchu, es una ciudadela rodeada de misterio porque hasta ahora los arqueólogos no han podido descifrar la historia y
la función de esta pétrea ciudad de casi un kilómetro de extensión, erigida por los Incas en una mágica zona geográfica, donde confluyen lo andino y lo amazónico.
Quizás el misterio de Machu Picchu nunca sea develado del todo; hasta ahora, sólo existen hipótesis y conjeturas. Para algunos, fue un puesto de avanzada de la proyecciones expansionistas incaicas; otros creen que fue un monasterio, donde se formaban las niñas (acllas) que servirían al Inca y al Willac Uno (Sumo sacerdote). Esto se presume porque de los 135 cuerpos encontrados en las investigaciones, 109 fueron de mujeres.
La sorprendente perfección y belleza de los muros de Machu Picchu - construidos uniendo piedra sobre piedra, sin cemento ni pegamento- han hecho surgir mitos sobre su edificación.
Cuentan que un ave llamada Kak`aqllu, conocía la fórmula para ablandar las piedras, pero que por un mandato, quizás de los antiguos dioses incaicos, se le arrancó la lengua. También se dice que existía una planta mágica que disolvía la roca y podía compactarla.
Pero más allá de los mitos, el verdadero encanto de Machu Picchu, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, está en sus plazuelas, en sus acueductos y torreones de vigilancia, en sus observatorios y en su Reloj Solar, evidencias de la sabiduría y la técnica de los constructores andinos.

miércoles, 11 de junio de 2008

El Laverinto de las Minas en Bolivia.

Un halo de luz devela la sombra de un hombre que escudriña las entrañas de un cerro de plata, en los socavones de la mina María de Potosí (Bolivia). Sus palabras, cargadas de coca y fatiga, permiten conocer su azaroso trabajo y descubrir un retazo de la historia de su vieja Ciudad, Potosí, que durante la época colonial fue la más grande de América.

Silencio y oscuridad. Caminos estrechos, enrevesados, inverosímiles. Subir y bajar por galerías y socavones. Aire extraño, polvoriento, casi irrespirable. Sensación de ahogo y asfixia. Pasos dubitativos, inciertos, tal vez temerosos... Quizás lo mejor sería volver y reencontrarse con el Sol, ese gigante de flecos dorados que dormita en la cúspide de unos cerros con entrañas de plata.

Pero no hay marcha atrás. Los pasos se agrandan, se multiplican, se vuelven vigorosos y repetitivos. La oquedad de las minas -con su agónico repiquetear de barretas y combas- se traga a los hombres convirtiéndolos en sombras borrosas, en sombras de tierra y sudor que añoran el Sol, la luz, el campo abierto... "porque aquí no hay noche ni día. Las horas son todas oscuramente iguales".

El eco de las galerías le da a cada palabra un extraño matiz, quizás fantasmagórico, tal vez conmovedor; entonces, las luces difusas y amarillentas de un trío de linternas apuntan hacia el fondo del socavón: "de allí vino la voz", murmuran... y los conos luminosos se cruzan, se chocan, se entreveran, tratando de encontrar al minero de las "horas iguales".

La metralla de luz hiere los ojos acostumbrados a las sombras. El fulgor dorado de las linternas baña un rostro cobrizo de arrugas marcadas a cincel. Un garabato de sonrisa aparece en la faz recién iluminada, mientras una mano presurosa e inquieta trata de espantar los haces intrusos: "¿Por qué han venido hasta aquí?", pregunta en un tono neutral y desganado, que no evidencia ni alegría ni amargura.

El hombre le da la espalda a los conos luminosos y vuelve a su incansable búsqueda de plata en la mina María de Potosí... de pronto, una mano amistosa le tiende un puñado de hojas de coca; el minero voltea, observa, piensa, se rasca la cabeza, decide aceptar: "es nuestro único alimento en el socavón. Nos quita el hambre, el frío y hasta el cansancio".

Desde la época colonial, los mineros indígenas de Potosí descienden a las profundidades del mítico Cerro Rico o Sumaj Orcko (montaña majestuosa), con puñados de hojas de coca, que le sirven para engañar al hambre y timar al cansancio en sus extenuantes jornadas laborales, que en algunos casos sobrepasan las 12 horas de trabajo continuo.

Contradicción en la historia de la Villa Imperial de Potosí: relatos de conquistadores aventureros y sagaces, que encontraron la fortuna en el Cerro Rico; drama de miles de indígenas obligados a trabajar en la extracción de la plata. Derroche en la Ciudad, desesperanza en el interior de las minas... y se construían iglesias y casonas y había fiestas deslumbrantes.

Nadie quería escuchar los lejanos gemidos de muerte que estremecían las entrañas del Cerro Rico.

La Ciudad colonial estaba envuelta por el esplendoroso halo de la fortuna. Frenesí y ostentación. Las calles bullían de gente, afamados artistas pululaban en la tierra de la plata; entonces, para qué preocuparse por la vida de los hombres del Ande. Ellos no valían nada, lo único importante eran los cerros de mineral que engordaban las arcas de la corona.

"Aquí dejamos parte de nuestra vida. Le juro que es muy difícil ganarse el pan en las minas, hay tantos peligros: los gases, los derrumbes, un explosivo mal puesto. Pero siempre ha sido así. Usted no tiene ni idea de cuántos de nosotros han muerto en el socavón...". No más palabras, el hombre -casco ladeado, pantalones raídos, botas cubiertas de barro- arremete contra una veta extenuada. La coca dormita en un sucio morral.

En busca del Tío.


Aires de soledad en la plaza de Potosí. Viejas casonas, iglesias coloniales, balcones de madera, calles demasiado angostas bajo las faldas del Cerro Rico, un gigante perforado, un auténtico laberinto de socavones. La Ciudad -ahora serena y excesivamente tranquila- exhibe los rastros de su proverbial belleza, los mismos que le valieron el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Voces, susurros, mitos y leyendas. El mercado minero es un hervidero de gente. Se vende coca, cigarros sin filtro, aguardiente, mechas y explosivos; se cuentan historias de hombres afortunados, de derrumbes apocalípticos y, también, se habla de Tío, el espíritu que habita en las minas, el dueño de la riqueza escondida, que decide sobre la vida y la muerte de los hombres del socavón.

Invencible, veterano y poderoso, el Tío no pudo ser extirpado por los predicamentos de los catequistas españoles... y los nativos del Ande, le rendían culto a escondidas, brindaban con él, le invitaban hojas de coca y le pedían permiso para extraer el mineral y le decían que no los moleste y los deje trabajar en paz. Que no les quite la vida.

Apariencia de diablo. Barba de chivo, cuernos cimbreantes, piel rojiza, la imagen del Tío nunca falta en los socavones. El reina en la oscuridad y los hombres del Cerro Rico nunca lo olvidan, ni siquiera cuando vuelven a la luz o cuando caminan por las calles nostálgicas de Potosí, la Ciudad de la plata, del derroche y, también, de la riqueza perdida en la historia.

jueves, 5 de junio de 2008

La Ruta del Té en Sri Lanka

Sri Lanka situada a mil doscientos metros sobre el nivel del mar en el Océano Indico, ahí se encuentra el Valle Boga Wantalawa, mejor conocido como el Valle dorado del té. Aquí esta situado el viejo Ceilán, sinónimo del mejor té del mundo.

La llegada de las plantaciones de té en Ceilán se encuentran rodeadas de un sin número de mitos y leyendas, pero la realidad es que fue en 1887 cuando el escocés Sir James Taylor comenzo con ocho hectáreas de cultivo del café, y tras tres años de pérdidas debidas en su mayoría a plagas relacionadas con el café, lo llevaron a probar suerte con el cultivo del té lo que llevo a Ceilán a ser el mayor exportador de este producto a nivel mundial, basando así su economía mayormente en este producto. Hoy en día algunas de las plantas originales de Sir Taylor siguen rindiendo frutos. Las mujeres nativas grandes maestras en la cosecha de este producto mueven sus manos con una gran destreza recogiendo las hojas mas jóvenes y denostándolas en una canasta que llevan sujeta a la espalda, son los hombres con grandes turbantes, túnicas y sandalias los cuales andan de un lado para otro los encargados de supervisar la cosecha, cuando las canastas son llenadas las juntan y los supervisores checan la calidad de las hojas, después estas son transportadas a la procesadora estatal.
Dichas plantas son cultivadas entre los 600 y 1200 m.s.n.m., lo cual ofrece un espectáculo incomparable para la vista de los visitantes con sus interminables montañas llenas de un verde brillante, el cual contrasta con el cielo en un día despejado.
Kady Capital de Sri Lanka, antigua ciudad de los reyes Sinhala la cual no ha perdido su encanto. En ella se encuentra, la mas grande reliquia de la región se trata de el diente de Budha.
Cada Verano en esta ciudad se lleva a cabo uno de los festejos más grandes de Asia. Cuando el diente es paseado de un lado a otro sobre el lomo de un elefante, otro de los símbolos mas grande de la India.
Esala Perahera

Durante la noche, el ruido de los cañonazos anuncia el comienzo del festival que lleva por nombre Esala Perahera, la ciudad de Kady es iluminada por las antorchas, la música producida por los oboes, tambores y cuerdas las cuales inundan cada recoveco, y los elefantes adornados con terciopelo y oro desfilan por las calles


Pequeño por fuera, grande por dentro.
A pesar de ser un país pequeño, Sri Lanka te ofrece todo un abanico de posibilidades a la hora de divertirte.
Sus hoteles de estilo victoriano, típicos de un lugar colonizado por ingleses, te llevan a un mundo de ensueño, mientras que si prefieres más aventuras puedes apuntarte a un safari, disfrutar de las paradisiacas playas, recorrer los palacios y templos sagrados o recorrer los bosques salpicados por cascadas que te harán sentir como Indiana Jones.
Debes saber que hay una zona enorme de conservación de flora y fauna, con infinitas variedades de orquídeas y animales hermosos y soberbios como pavos reales, halcones, pelícanos, elefantes y leopardos, entre otros.
Kumana y Wirawila son dos lugares clave para observar aves típicas de la región.El parque de Yala también es una parada obligada si queremos presenciar la procesión de manadas de elefantes y ciervos.Si estás pensando a qué destino dirigirte en tu próximo viaje, no lo dudes un segundo más, la ruta del té es un viaje de iniciación, un lugar paradisiaco que no puedes perderte.

miércoles, 4 de junio de 2008

Bali la Isla creada por los Dioses

Casi como si se tratara de un milagro y los dioses hubieran decidido tomarla bajo su protección, esta pequeña isla indonesia no sufrió en modo alguno los devastadores efectos del tsunami, que hace ya unos meses asotó algunos de los países más turísticos del sureste asiático.
Esta paradisíaca isla, famosa por sus elaborados templos y la cordialidad de sus gentes, puede ser el lugar perfecto para desconectarse del mundanal ruido.

“El amanecer del mundo”, así es como un Primer Ministro indio describió a Bali. Y no es de extrañar, incluso, los navegantes holandeses, que desembarcaron aquí en el siglo XVI, y se enamoraron de la isla, de sus habitantes y se negaron a regresar a casa.

Bali representa sólo un punto de 5.000 kilómetros cuadrados, pero sus playas bordeadas de palmeras enmarcan un exuberante interior de borboteantes manantiales y humeantes volcanes, densas junglas, pueblos con techos de paja y arrozales esculpidos como obras de arte. Por no mencionar los hermosos y seductores hoteles que salpican la isla.

En la playa


La mayoría de los turistas viene a Bali por el sol, el mar y la arena, ellos pueden elegir entre animados centros turísticos como Legian, Sanur o la antigua plantación de cocoteros Nusa Dua, que fue construida especialmente para turistas y cuenta, incluso, con su propio campo de golf. Si buscas paz y tranquilidad, hay pequeños pueblos pesqueros como Jimbaran, con playas de arena dorada y un ritmo de vida muy apacible. Desde la playa Lovina, los prahus, las barcas tradicionales balinesas con estabilizadores de bambú, parten al amanecer para contemplar a las manadas de delfines jugueteando frente a la costa, mientras los considerados patrones ofrecen a los hambrientos turistas deliciosos desayunos de café y plátanos fritos.
El Este de Bali
Bali: Fascinante
Deléitate la vista con imágenes de verdes e infinitos arrozales, bucea entre los restos del ‘Liberty’ o admira los maravillosos frescos del Semara Pura.


El templo más venerado de todo Bali es Besakih (abierto a diario; 0,31 E), un importante complejo arquitectónico (23 templos y 170 santuarios) enclavado en las laderas del volcán Gunung Agung, que es la montaña más alta y sagrada de la isla. Evidentemente está en la ruta de todos los grupos de turistas, y por tanto es uno de los lugares más asediados por los moscones (guías, vendedores, guardianes, vagos, etc). Visítalo muy temprano, para evitar tanto a unos como a otros. Los balineses creen que los dioses, cuando descienden a la Tierra residen en Besakih, por lo que aquí siempre hay celebraciones. Un camino parte desde Besakih hasta la cumbre del volcán, aunque hay otro itinerario más corto desde Pura Pasar Agung, cerca de Selat; en ambos casos necesitas estar en forma y contratar un guía (en la oficina de turismo del palacio el día anterior). Bellísimos arrozalesEn la vertiente meridional del volcán, junto a la carretera que va de Selat a Amlapura, y en la que desciende hacia Klungkung, hay unos arrozales preciosos. La pendiente de la montaña complica la vida a los agricultores y obliga a crear un complejísimo sistema de terrazas y canales de irrigación. Iseh y Sidemen son dos aldeas desde las que puedes explorar este paisaje tallado por el hombre con mano maestra. Ya atrajo a algunos de los principales pintores europeos que se instalaron en Bali. Hacia el este, en el valle que se encuentra entre los volcanes Agung y Lempuyang, aparece Tirta Gangga. Es un enclave para detenerse unos días y disfrutar de la temperatura agradable y los paisajes de la zona. La visita más interesante es al palacio Acuático (abierto a diario, 0,31 E), mandado construir por el último rajá de Karangasem. En el mar de BaliSi sigues hacia el norte llegarás a la costa, donde hay varios lugares de interés. Tulamben atrae a los submarinistas que quieren bucear entre los restos del Liberty, un barco hundido junto a la costa. Está a muy poca profundidad, por lo que lo podrás ver aunque no sepas bucear con botellas. Entre Amed y Aas hay una serie de playas con numerosos hoteles y centros de inmersión; las zona se está convirtiendo en un centro playero alternativo a los más grandes del sur de la isla. Si continúas hacia el sur por la costa atravesarás una región extremadamente seca, completamente diferente de la imagen típica de Bali. A continuación está Candi Dasa –un pueblo de pescadores convertido en centro playero–, Padang Bai, de donde salen los barcos hacia Lombok, y Goa Lawah, un templo junto al mar con vendedores pesadísimos.A orillas del lago se encuentra Trunyan, una aldea habitada por los bali-aga, los primigenios habitantes de la isla. Algunas de sus costumbres son bastante chocantes –sobre todo el culto a los muertos– por lo que reciben bastantes visitantes. En el caso de que te interese el tema debes ir en barco (20 E por bote) desde Kedisan y estar dispuesto a dar donaciones a cada paso.

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